Matar al Mar Menor o dejarlo morir

Adjuntamos artículo de opinión de nuestro presidente Joaquín Hernández aparecido hoy en La Verdad de Murcia, acerca del estado del Mar Menor:

“Hartos ya de estar hartos de tanta falta de escrúpulos, de tanta desidia, de tanta incompetencia, de tanto incumplimiento, de tanta irresponsabilidad, parece llegado el momento en que la sociedad civil adopte un mayor protagonismo con respecto al Mar Menor, más allá de la recogida de firmas y las manifestaciones periódicas.

Hasta ahora, la enorme paciencia de la ciudadanía con los responsables de nuestras administraciones públicas ha soportado, con resignación y estallidos puntuales de indignación, su incapacidad para adoptar medidas proporcionadas a la gravedad de la situación. Esa etapa tiene sus días contados. No se puede tolerar por más tiempo que la única política real con respecto al Mar Menor sea la de una propaganda burda e intensiva. En ella, los principales protagonistas, los partidos políticos, y algunos actores interesados, han agotado nuestra paciencia con su estrategia de distraer la atención sobre las principales causas de los daños y con su empeño en culpabilizar de todos los males al rival, inventando cabezas de turco, al tiempo que manifiestan su incapacidad para ofrecer políticas públicas eficaces para solucionar el grave problema. No se puede seguir insultando por más tiempo nuestra inteligencia. Es la hora de toma de decisiones urgentes y relevantes.

Después de tantos años de cambios legislativos, de incumplimientos, de falta de planificación, seguimiento y control de la legalidad, hemos pasado del escepticismo a la desconfianza. En estos momentos, no es que dudemos de la voluntad real de los responsables de las distintas administraciones de coordinarse y sumar esfuerzos, es que estamos convencidos de que, a fecha de hoy, no quieren hacerlo. Parece que el Mar Menor ya no es percibido por nuestras administraciones como ‘un problema político’ a resolver, sino que se ha convertido en ‘un problema para nuestros políticos’, quienes habiendo fracasado en la adopción de medidas cosméticas para su solución, ahora no saben cómo quitárselo de encima.

Esta percepción, unida a datos contrastables y a documentos obtenidos en hemerotecas, nos lleva a advertir con enorme preocupación que, en este momento, frente a la opinión mayoritaria de la población claramente favorable a la regeneración de nuestra laguna, puede estar ya sobre la mesa de nuestros administradores una tentación con dos versiones: la de matar al Mar Menor, o la de dejarlo que se muera.

Matarlo sería muy fácil, bastaría con abrir sus aguas al Mediterráneo y cambiar radicalmente las características de la albufera. Muerto el perro se acabó la rabia. Ya no habría preocupación alguna por el mantenimiento de su singularidad, ni incompatibilidad con actividades productivas intensivas, ni por supuesto volvería a haber relevantes empresas investigadas. Mientras que la posición anterior tiene partidarios que no dudan en manifestarse en público, sin pudor alguno, la opción de ‘dejar que se muera’ es la posición inconfesable de quienes no están dispuestos a hacer nada distinto a lo hecho hasta ahora. En el fondo coinciden con la posición anterior, pero les falta el valor (¿cálculo electoral?) para admitirlo y pronunciarse públicamente.

La apertura de golas, que como medida excepcional podría ser aceptable, a pesar de ser escasamente relevante, sí tendría una gran virtualidad política. Con la apariencia de una toma de decisión drástica, se podría convertir en un primer paso, con coartada científica, para progresar en una aproximación estratégica a quienes ya han decidido acabar con la laguna abriéndola al Mediterráneo. La ayuda de probables DANA facilitaría el argumentario fatalista de quienes quieren enterrar su problema enterrando el Mar Menor.

Decía Leonard Cohen que «a veces, uno sabe de qué lado estar, simplemente, viendo quienes están al otro lado». Nuestro lado es el de quienes se niegan a aceptar la inevitabilidad de la muerte del Mar Menor. Somos mayoría y tenemos la razón de nuestra parte. Nuestros representantes deberían manifestar con absoluta claridad dónde están ubicados, abandonar la política de declaraciones grandilocuentes y la estrategia del enfrentamiento para demostrar con hechos y decisiones extraordinarias que están a la altura de las circunstancias.

Como primera medida, deberían reunirse con urgencia y establecer, cuanto antes, unos acuerdos mínimos y unos protocolos de actuación y coordinación. Si así lo hacen, no estarán solos. La sociedad civil más consciente y organizada manifestará su firme determinación de acompañarles en esta difícil pero imprescindible tarea. Creemos que la llegada de los fondos europeos puede ser una oportunidad única para comenzar a revertir la situación actual. No entenderíamos que los proyectos para la regeneración del Mar Menor no tuviesen prioridad sobre otros de menor trascendencia. Ni matarlo, ni dejar que agonice hasta morir. Es hora de toma de decisiones esperanzadoras. Desde el Círculo de Economía estamos dispuestos a colaborar con quienes demuestren sinceramente estar del lado de las soluciones.”

Puedes leerlo también en la ediión digital de La Verdad en este enlace.

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